La Toxina Botulínica es una sustancia que ha tenido usos en medicina desde hace más de 20 años para el manejo de diferentes problemas médicos, por parte de diferentes especialidades (se ha utilizado para manejo de ciertas parálisis en diferentes partes del cuerpo).

En el campo de la Cirugía Plástica, la toxina botulínica es empleada en dosis bajas para el manejo de “arrugas” de diferentes áreas de la cara y el cuello, produciendo un bloqueo de algunos músculos de la expresión facial y disminuyendo esas “líneas” de la cara que se acentúan no solamente con el paso de los años, sino también en personas que contraen fuertemente ciertos grupos musculares de su rostro.

Al lograr esta parálisis de grupos musculares pueden mejorarse las arrugas de la frente, entrecejo, periorbitarias (patas de gallina), nariz, labios e incluso el cuello según los deseos de cada paciente.

Al atenuar dichas arrugas faciales, se produce un efecto de rejuvenecimiento y permite resaltar algunos rasgos de la cara según cada persona.

La aplicación de Toxina Botulínica es un procedimiento que se lleva a cabo en el consultorio, de manera ambulatoria, su efecto empieza a notarse hacia el quinto día y tiene una duración promedio de 6 a 8 meses según cada paciente, tiempo en el cual la persona vuelve a tener una contracción de los músculos de la cara como antes de la aplicación.

Se recomienda que esta aplicación sea realizada por médicos especialistas y que el paciente conozca que tipo de Toxina Botulínica se va a aplicar, debido a que existen varios tipos y estos deben tener un registro sanitario según la reglamentación nacional.

La Toxina Botulínica también se emplea para el manejo de Hiperhidrosis (Sudoración excesiva) de axilas y manos, con muy buenos resultados, que les permiten a los pacientes mejorar su calidad de vida y tener un ambiente social más “cómodo”.

FOTOS ANTES Y DESPUES